jueves, 23 de febrero de 2017

De los distraídos a los desigualados


La cabeza es direccionable. Cuando se piensa en los actos ‘de buena persona’ salen a relucir los mejores. Y se saborean. Cuando se piensa en los errores, se proyecta un catálogo de pifias en el techo de su cráneo. Y se sufre.

Por eso los normales se consideran más buenos que normales, porque basta entrar de vez en cuando al almacén de las propias bondades para irse a dormir tranquilo.

Y la cabeza es, y sigue siendo, direcccionable. Cuando un hombre imagina hacer una acción ‘de buena persona’, cae en cuenta que a la mano, todos los días, a prácticamente cualquier hora y desde enemil espacios, uno tiene la oportunidad de llevar a cabo tal obra. Eso sin embargo lo practican los menos; no por egoístas sino por distraídos.

Ahora en el mundo hay tantos destellos, tantas pantallas, tantos pendientes, tantos eventos, tantas prisas, tantos futuros y tantos pasados que resulta fácil no pensar en los tantos problemas que tienen tantos más. Así se presta ahora la vida.

Y la cabeza del hombre siempre ha sido direccionable. Por eso los de antes eran igual y los de mañana serán parecidos, porque siempre ha habido quien dirige su atención y a quien, sin querer dejar de ser cierto tipo de persona, se maneja en neutral.

Pero dar igual y dar lo mismo no es lo mismo que desigualar. Hay que sumar, restar y malabarear para que la cosa no siga siendo igual que para muchos es demasiado diferente. No hay barco que llegue a puerto alguno con el timón suelto. No hay omisión que disculpe un naufragio al respeto.

Uno no es traído al mundo nada más para disfrutar y desaparecer sino para que en cada oportunidad, uno pueda regalar una dirigida diferencia al día de alguien más.

miércoles, 15 de febrero de 2017

Enderézate aunque nadie te vea


Nacido en América pero de innegables facciones japonesas, un pobre tipo se abraza a un poste. Por supuesto que está envenenado en mezcal; sin embargo nadie se preocupa por el dado que no morirá, no hoy o al menos no de haber bebido. El poste lo acompaña pero a la vez lo denuncia. Dos niñas indígenas se ríen de el desde la contraesquina. Quienes se ven obligados a esquivarlo en la acera se indignan, como si de verdad no fueran saliendo de un bar pasada la media noche. La cámara se aferra a su lánguido pecho. Quien no lo conoce asumiría que es un turista, sin embargo es un antropólogo que conoce a la perfección la tierra que lo rodea. Simplemente tiene un gusto particular por las camisas estampadas con gaviotas y copas martineras. Su singularidad lo vuelve inolvidable al primer encuentro. No dudo que también eso mismo le haya sido una ventaja en su carrera. Lo que hoy me absorbe en esta reflexión de cigarro culposo -dejé de fumar hace seis años y sigo fumando-, es que eso que es chusco para el resto es la vida de Kazuo. Desde mi mostrador veo como lo tratan diferente, por tratarse de un hombre con sombra de unicornio. Muchos vuelven a él por lo mismo, para revivir esa excentricidad que se genera en el interior de quien comparte la mesa de madera de la taberna con el por una noche. Todos vuelven, pero nadie se queda -sería cansado aguantar las miradas eternamente-. Me pregunto si él percibe todo esto. Llevo ya casi una década de conocerlo y precisamente nuestra buena relación es el contrapeso por el cual no podría hacerle una pregunta así. Sería exponerme como un Otro, uno 'de ellos', 'los verdaderos turistas'.
Caigo en cuenta que quizás lo entiendo más de lo que creo. Tengo una condición que deforma mis testículos al grado que los convierte en un cuerpo amorfo, irreconocible de lo que supone ser. En el pasado, las mujeres se sintieron engañadas de no ser informadas de esto. Siempre acabé largándolas a gritos de mi casa, cuestionando si era sensato creer posible hacer aclaración tan increíble en cualquier primer encuentro.
Tal vez por eso Kazuo y yo somos amigos, porque sin que salga a la luz, nos acompañamos en nuestra obligada soledad. Quizás todas las amistades, inclusive relaciones tan íntimas como las parejas, parten de esas condiciones equivalentes que no podemos hablar con nadie más que con nosotros mismos.

azur irreconciliable


Cambia todas tus contraseñas y no anotes pistas para recordármenos.
Huye del ahorita, despójate del presente que tanto pesa a los que lo tienen (presente)
Apunta en paredes falsas que todo lo que no es coito es egoísmo,
todo lo que es público es genocida, todo a lo que suena la imaginación.

Corre, corre lejos de mí. Hazte, hazte bastardo de aquí.
Miente, niega que fuimos algo de verdad.
Come, devora los mitos de otra sociedad.

Desacomoda las piedras de un terreno baldío.
Roba basura y regalala a un desprotegido.
Escribe con faltas de ortografía de los demás.
Anota tu nombre en donde has de mear.

Duerme, duerme de día y no prestes las noches inhabitadas por nuestros planes fallidos.
Rompe las fotos y mata mosquitos y vete de hoy dejando la luz prendida.
No caigas en tentaciones de poetas suicidas
[que por hablar bonito se dejan querer por su cobardía].

Una tarde azul de muelles, gavinas y tibias cervezas,
déjate acariciar por el fleco del irreconocible pasado
llévalo al cuarto, empáñalo y haz que despierte otra vez solo sin rastro tuyo.

jueves, 2 de febrero de 2017

Pesadillas optimistas


Ni lo malo es tan bueno como unos piensan, ni lo bueno es tan malo como otros dicen.

lunes, 30 de enero de 2017

Cata


En San Nicolás de los ranchos me quedé cansado y sin sueños. Pasó frente a mi una mula libre de olvido y olvidada de atenciones. Nos vimos y entendimos que ni haciéndonos compañía se nos quitaría lo solos. Hay veces que más vale hacer durar un mal día para que el mañana sea más corto; que la efímera alegría empalaga con prisa y floja como ella sola, siempre tarda en volver. Para eso se aguanta uno el frío y preserva sus infecciones, para que lo poco que no molesta, ni agrede u ofende, sea poco más que lo bueno; que exige añoranza, compañía y compasión.

Mi ilusión por dormir se ventaneaba enmarcada en el ardor de mis párpados necios. Sin darme la espalda, la mula se iba. Y por hoy sólo quiero que tu sueño perpetuo, sea bello y labrado, que te reúna con caras familiares y te despida de tus hermanas que me mantienen resuelto...

a no dormir sin merecerlo.
a no imaginar en trabajar menos.
a no vivir sin protegerlos.

fisco y recreo


De tu voz sale el clima en mis sueños. Cada nota que cantas, la tatúo en mi aliento. No siempre estás y yo espero. Luego te vas y me muero. Quiero quererte más y necesito necesitarte menos, pero a pesar de que debo, no puedo.
Cuando llegan, tus lágrimas inundan el cuarto. Al amanecer tus planes cimbran mi tiempo. A lo que tu suenas, yo escucho. En donde te escondes, yo busco. Escribí esto para que me leas si algún día no contesto. Lo grabé en teléfonos de los que ignoras el número.
En tu gruesa piel me lacero. En tus ojos me espino. De tu arrogante independencia me cuelgo, me ahorco y rapeleo por grietas hasta ya no ver tus destellos. Ahí abajo, no me olvido de recordarte y aprendo a tolerarme, a permanecer escéptico cuando maltratado me pido no caer en tu juego.

Eres todo ese tiempo que malgastas en pensar en las cosas que no te alcanzan, en las leyes que no te tocan, en la gente que no te quiere. Eso eres.